Monday, May 14, 2012
Los Sacerdotes del Siglo XXI y los Diezmos de Todo.
Diezmos del botín dió Abraham a Melquisedec, rey de Salem; no de la
producción diaria del hombre...¿Puede alguien aclarar este asunto pues
de estos textos se afianzan los Sacerdotes del Siglo XXI? Abraham gave a tenth of the spoils to Melchizedek, king of Salem, not of
man's daily production ... Can someone clarify this issue because of
these texts are secured the Priests of the XXI Century?
Hebreos 7 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
"4 Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín".
Definiendo la palabra "Botín": botín 2 m. Conjunto de posesiones que se concedía a los soldados del enemigo vencido. Conjunto de las armas, provisiones y demás efectos del ejército vencido de los que se apodera el vencedor: el botín les permitió seguir avanzando.
Hebrews 7 New King James Version (NKJV)
"4 Now consider how great this man was, to whom even the patriarch Abraham gave a tenth of the spoils".
The meaning of "spoils" is: a. Goods or property seized from a victim after a conflict, especially after a military victory.
http:// www.thefreedictionary.com/ spoils
Hebreos 7 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
"4 Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín".
Definiendo la palabra "Botín": botín 2 m. Conjunto de posesiones que se concedía a los soldados del enemigo vencido. Conjunto de las armas, provisiones y demás efectos del ejército vencido de los que se apodera el vencedor: el botín les permitió seguir avanzando.
Hebrews 7 New King James Version (NKJV)
"4 Now consider how great this man was, to whom even the patriarch Abraham gave a tenth of the spoils".
The meaning of "spoils" is: a. Goods or property seized from a victim after a conflict, especially after a military victory.
http://
(El Barro y el Artesano)
Pasa como con un buen artesano que puede cosechar alabanzas de tres maneras: En primer lugar, criticando y haciendo pasar vergüenza a los que
carecen de la pericia que él posee; pero esta es una alabanza mezquina y
arrogante. En segundo lugar, cuando comparado con otros aparece como el más experto (aun sin que medie crítica por su parte). En tercer lugar, cuando
trasmite su pericia artesanal a otros que se lo solicitan ante la
imposibilidad de alcanzar la perfección por sí solos. Unicamente esta
alabanza es una alabanza genuina.
Reprender a otros y aparecer como maestro todavía no basta para ser un maestro cabal; pero hacer progresar a otros para que lleguen a ser maestros como uno mismo, esto significa ser un maestro digno de elogio.
La primera manera muchas veces implica orgullo y vanidad.
La segunda, envidia y presunción.
La tercera en cambio es la vía de la benevolencia y de la generosidad.
Esta (la vía de la benevolencia y de la generosidad) es la manera como Dios es justo, al actuar dentro de nosotros; y digno de alabanza, por cuanto nos hace semejantes a él mismo.
Martín Lutero.
Reprender a otros y aparecer como maestro todavía no basta para ser un maestro cabal; pero hacer progresar a otros para que lleguen a ser maestros como uno mismo, esto significa ser un maestro digno de elogio.
La primera manera muchas veces implica orgullo y vanidad.
La segunda, envidia y presunción.
La tercera en cambio es la vía de la benevolencia y de la generosidad.
Esta (la vía de la benevolencia y de la generosidad) es la manera como Dios es justo, al actuar dentro de nosotros; y digno de alabanza, por cuanto nos hace semejantes a él mismo.
Martín Lutero.
(Los Falsos Maestros y La Masa de los Oyentes)
En verdad, una
elección sumamente cuidadosa y acertada de las palabras: "sepulcro" (a
causa de los muertos), "abierto" (por la gran cantidad de los muertos),
"es su garganta" (porque matan de una manera disimulada y artera). Así,
cada término nos remite al que le precede. Y a esto se agrega: Con sus
lenguas actuaban en forma engañosa "actuar con la lengua"
significa enseñar, amonestar, exhortar, y en general, valerse de este
instrumento en la comunicación con los demás. Y "actuar con ella en
forma engañosa" a su vez es presentar una enseñanza deliberadamente
acomodada al gusto del oyente, y presentarla como si fuera santa,
saludable y de origen divino, de modo que los hombres, así engañados,
creen estar oyendo a Dios, ya que lo que se les dice les parece bueno y
en total armonía con la verdad divina.
A esa elaboración tan bien calculada con que tales enseñanzas engañosas impresionan a la masa de los oyentes se alude, y con muy buen tino, con la expresión "con sus lenguas", como con la anterior "con su garganta". Pues la lengua es un órgano muy blando, sin huesos, lame suavemente. Así, toda palabra de aquellos maestros lleva en sí la intención de acariciar el corazón de quienes se complacen en su propia sabiduría y justicia en palabras y obras, como dice en Isaías 30: 10: "Decidnos cosas halagüeñas; no nos hagáis ver lo recto", o sea: no nos digáis cosas contrarias a lo que nosotros opinamos. De este modo, la palabra de la cruz que debía herir a muerte a esa opinión propia y despedazarla como con dientes filosos - esta palabra de la cruz sólo les produce repugnancia; lo único que quieren oír son lisonjas acerca de su aguda inteligencia.
¡Oh terrible palabra! El engaño congrega multitudes, mas el veneno mata a los así congregados. Bien se dice pues que su garganta es un vasto sepulcro abierto de par en par.
Martín Lutero.
A esa elaboración tan bien calculada con que tales enseñanzas engañosas impresionan a la masa de los oyentes se alude, y con muy buen tino, con la expresión "con sus lenguas", como con la anterior "con su garganta". Pues la lengua es un órgano muy blando, sin huesos, lame suavemente. Así, toda palabra de aquellos maestros lleva en sí la intención de acariciar el corazón de quienes se complacen en su propia sabiduría y justicia en palabras y obras, como dice en Isaías 30: 10: "Decidnos cosas halagüeñas; no nos hagáis ver lo recto", o sea: no nos digáis cosas contrarias a lo que nosotros opinamos. De este modo, la palabra de la cruz que debía herir a muerte a esa opinión propia y despedazarla como con dientes filosos - esta palabra de la cruz sólo les produce repugnancia; lo único que quieren oír son lisonjas acerca de su aguda inteligencia.
¡Oh terrible palabra! El engaño congrega multitudes, mas el veneno mata a los así congregados. Bien se dice pues que su garganta es un vasto sepulcro abierto de par en par.
Martín Lutero.
(Los Sacerdotes del Siglo XXI Según el Orden de Melquisedec)
Romanos 3:14. Su boca está llena de maldición.
Ves? Ahora que les toca el turno a los que no los imitan - ahora tienen "boca". Ya no se habla de "garganta" ni de "lengua", sino de "boca" llena de dientes, como se desprende de lo que sigue. Así que: En segundo término: ¿qué actitud adoptan ante los que no siguen en sus pisadas, sino antes bien les oponen resistencia y les ofrecen enseñanza sana y correcta para apartarlos de la muerte que los espera? ¡Fíjate en cómo se lo retribuyen! También en ellos se ensañan de tres maneras distintas:
Primero: Tienen la boca llena de maldición. Palabras muy acertadas para expresar el hecho de que su maldecir no pasa a aquellos a quienes maldicen, sino que permanece con ellos mismos. Los únicos perjudicados son ellos mismos, de acuerdo con un dicho que se refiere a Cristo "Maldito el que te maldijere" (Gn. 27: 29), y aquel otro pasaje: "Dios quebrará sus dientes en sus bocas" (Sal. 58:6). No los quebrará en la herida o en el cuerpo de otros; pues hará que muerdan de una manera tal que de todos modos no lograrán causar daño a nadie; por lo tanto los quebrará en la propia boca de ellos. Esto sí: dientes y maldiciones no les faltan, pero los tienen sólo en su propia boca, descrita por eso como "boca llena". Ese "maldecir" es atacar al prójimo públicamente con insultos, imprecaciones y blasfemias, y desearle una desgracia. Esto empero lo hacen todos los que tienen la sensación de que alguien está impugnando la opinión que ellos establecieron (porque la consideran justa y correcta), y lo hacen como quienes están dispuestos a salir en defensa de la verdad y de prestar un servicio a Dios (compare Jn. 16:2) con sorprendente celo, que sin embargo no es un celo "conforme a ciencia" (Ro. 10:2). Y no son ni lerdos ni perezosos en su actuar, sino que como dije, despliegan un gran celo; de ahí las palabras del texto: "tienen la boca llena", sobreabundan en maldiciones.
Segundo: Su boca está llena de amargura (Romanos 3: 14), quiere decir llena de calumnias dictadas por la más abyecta envidia. La envidia es, en efecto, un corazón lleno de amargura, así como, por el otro lado, el amor es un corazón lleno de dulzura. En consecuencia, los orgullosos e impíos no sólo profieren maldiciones contra los justos, sino que los calumnian también entre ellos y ante otros con las palabras más hirientes. Mas también esta envidia permanece en la propia boca de ellos sin causar daño alguno a quienes son objeto de la misma. Por esto se dice que su boca está llena, sí, pero a los que estan fuera, esto no los amarga ni los convierte en malos.
Tercero: Sus pies se apresuran. Otra de estas expresiones tan gráficas. Con sus manos no sIempre logran llevar a cabo sus propósitos; no obstante, no cesan en sus esfuerzos por lograrlos. En viendo, pues, que no pueden silenciar a los mensajeros de la verdad ni con insultos ni con calumnias, al fin tratan de deshacerse de ellos por la fuerza, y de matarlos, para que sus propias ideas no sean echadas por tierra. Este es el método que los enemigos (destinatarios originales de los pasajes citados por Pablo) practicaron con una pertinacia poco común, como lo vemos en los Hechos de los Apóstoles.
Pero también en nuestros días, todo enemigo de la verdad procede en forma similar para defender e imponer su propio criterio, porque él, claro está, actúa impulsado por "intenciones sanas" y "por amor a Dios”.
v.16 Quebranto.
Con esto el apóstol describe la suerte que corren los "maestros" aquí mencionados. Lo primero que sufren es quebranto: son despedazados reducidos a menos y humillados, en cuerpo y alma, como lo evidencia el caso de los enemigos (del Evangelio de Cristo). Son "como el polvo que el viento se lleva" (comp. Sal. 1:4), porque en el polvo yacen ahora los que eran grandes y poderosos; incesantemente, hasta el día de hoy, son pisoteados y "hollados como lodo de las calles" (Mi. 7: 10). Pero la miseria de este quebranto físico que sufren ante la vista de los hombres,
es igualada y aun superada en mucho por la miseria del quebranto espiritual que sufren por parte de los demonios que los someten a atropellos de toda clase y "no dejan en ellos piedra sobre piedra" (Mt. 24:2). Y no es sólo esto, sino que en aquellos caminos suyos son reducidos siempre a menos, se tornan siempre peores y más duros en tanto que transitan por ellos, mientras que por el contrario, los que andan por los caminos de Cristo crecen y se fortalecen sin cesar.
Así que: robustecimiento e incremento en los unos, quebranto y descenso en los otros. Lo segundo es desventura, desgracia, de modo que así como (los creyentes) en Cristo prosperan en todo cuanto hacen, ellos fracasan con todo cuanto emprenden. También esto se puede observar patentemente en los impíos: Si bien en ciertos aspectos alcanzan gran prosperidad a causa de su perfidia, en muchos otros aspectos son oprimidos por mil contrariedades.
Martín Lutero.
Ves? Ahora que les toca el turno a los que no los imitan - ahora tienen "boca". Ya no se habla de "garganta" ni de "lengua", sino de "boca" llena de dientes, como se desprende de lo que sigue. Así que: En segundo término: ¿qué actitud adoptan ante los que no siguen en sus pisadas, sino antes bien les oponen resistencia y les ofrecen enseñanza sana y correcta para apartarlos de la muerte que los espera? ¡Fíjate en cómo se lo retribuyen! También en ellos se ensañan de tres maneras distintas:
Primero: Tienen la boca llena de maldición. Palabras muy acertadas para expresar el hecho de que su maldecir no pasa a aquellos a quienes maldicen, sino que permanece con ellos mismos. Los únicos perjudicados son ellos mismos, de acuerdo con un dicho que se refiere a Cristo "Maldito el que te maldijere" (Gn. 27: 29), y aquel otro pasaje: "Dios quebrará sus dientes en sus bocas" (Sal. 58:6). No los quebrará en la herida o en el cuerpo de otros; pues hará que muerdan de una manera tal que de todos modos no lograrán causar daño a nadie; por lo tanto los quebrará en la propia boca de ellos. Esto sí: dientes y maldiciones no les faltan, pero los tienen sólo en su propia boca, descrita por eso como "boca llena". Ese "maldecir" es atacar al prójimo públicamente con insultos, imprecaciones y blasfemias, y desearle una desgracia. Esto empero lo hacen todos los que tienen la sensación de que alguien está impugnando la opinión que ellos establecieron (porque la consideran justa y correcta), y lo hacen como quienes están dispuestos a salir en defensa de la verdad y de prestar un servicio a Dios (compare Jn. 16:2) con sorprendente celo, que sin embargo no es un celo "conforme a ciencia" (Ro. 10:2). Y no son ni lerdos ni perezosos en su actuar, sino que como dije, despliegan un gran celo; de ahí las palabras del texto: "tienen la boca llena", sobreabundan en maldiciones.
Segundo: Su boca está llena de amargura (Romanos 3: 14), quiere decir llena de calumnias dictadas por la más abyecta envidia. La envidia es, en efecto, un corazón lleno de amargura, así como, por el otro lado, el amor es un corazón lleno de dulzura. En consecuencia, los orgullosos e impíos no sólo profieren maldiciones contra los justos, sino que los calumnian también entre ellos y ante otros con las palabras más hirientes. Mas también esta envidia permanece en la propia boca de ellos sin causar daño alguno a quienes son objeto de la misma. Por esto se dice que su boca está llena, sí, pero a los que estan fuera, esto no los amarga ni los convierte en malos.
Tercero: Sus pies se apresuran. Otra de estas expresiones tan gráficas. Con sus manos no sIempre logran llevar a cabo sus propósitos; no obstante, no cesan en sus esfuerzos por lograrlos. En viendo, pues, que no pueden silenciar a los mensajeros de la verdad ni con insultos ni con calumnias, al fin tratan de deshacerse de ellos por la fuerza, y de matarlos, para que sus propias ideas no sean echadas por tierra. Este es el método que los enemigos (destinatarios originales de los pasajes citados por Pablo) practicaron con una pertinacia poco común, como lo vemos en los Hechos de los Apóstoles.
Pero también en nuestros días, todo enemigo de la verdad procede en forma similar para defender e imponer su propio criterio, porque él, claro está, actúa impulsado por "intenciones sanas" y "por amor a Dios”.
v.16 Quebranto.
Con esto el apóstol describe la suerte que corren los "maestros" aquí mencionados. Lo primero que sufren es quebranto: son despedazados reducidos a menos y humillados, en cuerpo y alma, como lo evidencia el caso de los enemigos (del Evangelio de Cristo). Son "como el polvo que el viento se lleva" (comp. Sal. 1:4), porque en el polvo yacen ahora los que eran grandes y poderosos; incesantemente, hasta el día de hoy, son pisoteados y "hollados como lodo de las calles" (Mi. 7: 10). Pero la miseria de este quebranto físico que sufren ante la vista de los hombres,
es igualada y aun superada en mucho por la miseria del quebranto espiritual que sufren por parte de los demonios que los someten a atropellos de toda clase y "no dejan en ellos piedra sobre piedra" (Mt. 24:2). Y no es sólo esto, sino que en aquellos caminos suyos son reducidos siempre a menos, se tornan siempre peores y más duros en tanto que transitan por ellos, mientras que por el contrario, los que andan por los caminos de Cristo crecen y se fortalecen sin cesar.
Así que: robustecimiento e incremento en los unos, quebranto y descenso en los otros. Lo segundo es desventura, desgracia, de modo que así como (los creyentes) en Cristo prosperan en todo cuanto hacen, ellos fracasan con todo cuanto emprenden. También esto se puede observar patentemente en los impíos: Si bien en ciertos aspectos alcanzan gran prosperidad a causa de su perfidia, en muchos otros aspectos son oprimidos por mil contrariedades.
Martín Lutero.
Sunday, May 13, 2012
La Justificacion por la FE y las Obras de la Ley.
Romanos
3: v.9b. Que todos están bajo pecado.
Todo
este pasaje debe entenderse como dicho en un sentido espiritual; es
decir, no describe a los hombres como ellos se ven a sí mismos, ni
como los ven sus semejantes, sino como los ve Dios. Y ante Dios,
todos están bajo pecado, tanto los que son malhechores manifiestos
aun a juicio de los hombres, como también los que ante sus propios
ojos y ante los de los demás tienen apariencia de buenos.
La
razón es la siguiente: los que son malhechores manifiestos, pecan
con su hombre interior y con su hombre exterior; son personas que ni
aun en su propio concepto tienen apariencia alguna de justicia. Pero
los que ante sí mismos y ante los demás tienen una apariencia
exterior de gente buena, pecan con su hombre interior. Pues si bien
hacen obras que por fuera son buenas, las hacen por temor al castigo,
o porque aspiran a recompensas, a renombre, o a alguna otra ventaja
material, pero no espontánea y alegremente; y de esta manera, su
hombre exterior se ejercita con gran empeño en hacer el bien, pero
su hombre interior está repleto de concupiscencias y deseos que van
en dirección contraria.
Pues
si esta persona pudiera actuar a su gusto impunemente, o si supiera
que no la esperan recompensas ni una vida en paz, de seguro que
optaría por abandonar el bien y hacer el mal como aquellos otros.
¿Cuál es entonces, ante Dios, la diferencia entre el que hace el
mal, y el que quisiera hacerlo, aunque no lo hace, ya sea porque lo
frena el temor, o porque lo tienta la perspectiva de lograr alguna
ventaja material? Bien puede decirse que este "buen hombre"
es el peor de todos si estima suficiente tal justicia exterior, y si
se opone a los que enseñan una justicia interior, y si al
objetársele su actitud, se defiende y no se da por aludido, aun
cuando lo que se le objeta no es que no esté haciendo nada, sino que
no lo está haciendo con un corazón sincero, y que tampoco corrige
el rumbo de su voluntad que desea hacer lo contrario de lo que en la
práctica está haciendo.
En
estas condiciones, las obras buenas del hombre aquel son doblemente
malas: primero porque no emanaron de una voluntad
buena
lo que les da el carácter de malas; segundo, porque con una soberbia
sin igual son declaradas buenas y defendidas como tales. Aquí caben
las palabras de Jeremías
2: 13: "Dos males ya ha hecho mi pueblo etc." Por
consiguiente: a menos que por la gracia de Dios (que él prometió y
concede a los que creen en Cristo) aquella voluntad sea curada, de
modo que encaremos las obras de la ley libre y gustosamente, con el
único deseo de agradar a Dios y de hacer su voluntad, impulsados a
la acción no por temor al castigo ni por amor propio - a menos que
sea así, siempre estamos bajo pecado. Por eso está escrito: Romanos
3: V10.
No
hay justo, ni aun uno
Romanos 3: V10 No hay justo, ni aun uno.
¡Todo
aquel que lea esto, cuídese, abra los ojos, y preste
mucha, pero mucha atención! Pues un justo como lo busca aquí el
apóstol, se encuentra sólo muy raras veces. Esto pasa porque muy
raras veces nos examinamos a nosotros mismos tan a fondo como para
que podamos detectar y reconocer esta debilidad, o mejor dicho, esta
enfermedad mortal de nuestra voluntad. Y por eso raras veces nos
humillamos a nosotros mismos, raras veces buscamos de un modo
correcto la gracia de Dios: es que nos falta el entendimiento, como
dice aquí (v. 11). Tan sutil es, en efecto, la enfermedad aquella,
que ni aun los hombres de más elevada espiritualidad pueden captarla
plenamente. Por eso, los que de veras son justos, gimen e imploran
por la gracia de Dios, no sólo porque se dan cuenta de que tienen
una voluntad mala y por lo tanto son pecadores ante Dios, sino
también porque ven que jamás podrán entender en forma cabal cuán
profunda y extremadamente mala es su voluntad, lo que los lleva a
creer que siempre son pecadores, como si su voluntad mala fuese un
abismo sin fondo. Y así se humillan, así lloran, así gimen, hasta
que quedan completamente sanados, lo cual ocurre en el momento en que
mueren. He aquí, pues, el motivo por qué siempre pecamos. "Todos
ofendemos muchas veces" (Santiago 3:2); y "si decimos que
no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos" (I
Juan.
1: 8).
Pondré
un ejemplo: Un hombre hace lo bueno y evita lo malo impulsado por su voluntad; ¿lo impulsaría su voluntad de la misma manera a hacer lo
bueno y evitar lo malo si no hubiera mandato ni prohibición? Creo
que si hacemos un examen honesto de nuestro corazón, ninguno
descubrirá allí dentro a un hombre tal, a no ser que sea un dechado
de perfección. Antes bien, si tuviera plena libertad, dejaría de
hacer mucho de lo que es bueno, y en cambio haría lo malo. Pero
precisamente esto
es "estar en pecado" ante Dios, a quien debiéramos
servir en forma espontánea, con esa voluntad que acabo de describir.
Por esto dice la Escritura que "no hay hombre justo en la
tierra, que haga el bien y nunca peque" (Ecl. 7:20); y por esto,
los justos nunca cesan de confesar sus pecados, como lo expresa
también el Salmo 32:6: "Orará a ti todo santo en el tiempo en
que puedas ser hallado". Hasta podría preguntarse: ¿quién
sabe, o quién puede saber, por más que crea estar haciendo lo bueno
y evitando lo malo con esa voluntad, si verdaderamente es
así,
siendo que sólo Dios podrá juzgarlo, y siendo además que nosotros
somos incapaces de emitir a este respecto un juicio válido acerca de
nosotros mismos, según las palabras del apóstol en 1 Co. 4:7:
"¿Quién te distingue?" y "No juzgueís nada antes de
tiempo" (l
Co.
4:5)?
Hay,
en efecto, personas
que creen tener una voluntad tal; pero esto es una peligrosa
presunción que engañó a muchos de la manera más astuta: en la
firme confianza de ser ya poseedores de la gracia divina, no se
molestan en escudriñar lo íntimo de su corazón, se vuelven cada
día más tibios, y al fin literalmente mueren. Pues si se examinaran
a sí mismos para ver si lo que los impulsa a hacer el bien o evitar
el mal es el temor al castigo, o el afán de gloria, o la vergüenza,
o el deseo de hacerle un favor a uno, o alguna otra inquietud de este
tipo sin duda descubrirían que lo que los impulsa es justamente lo
que acaba de mencionarse, y no la voluntad de Dios solamente; o al
menos descubrirían que en verdad no saben si actúan por puro amor a
Dios. Y una vez hecho este descubrimiento, inevitable por cierto, y
ante la triste realidad de que en nosotros no hay nada de bueno de
que podamos jactarnos sino únicamente maldad, ya que por naturaleza
somos malos, seguramente se llenarían de temor, se humillarían,
buscarían constantemente la gracia de Dios con súplicas y gemido, y
de esta manera crecerían de día en día.
Pues cuando la Escritura nos manda tener esperanza, por cierto no nos lo
manda en el sentido de que esperemos haber obrado como debiéramos;
antes bien, lo que debemos esperar es que el misericordioso Señor,
el único cuya mirada puede penetrar en el abismo de nuestra maldad
(cuya superficie yace para nosotros en tinieblas), no nos cuente
nuestra maldad por pecado, cuando se la confesamos. Así dice Job
(9:21): "Aun cuando yo fuere íntegro, mi propia alma lo
ignora", y "yo temía todas mis obras" (Job 9:28).27
Es que Job no podía saber si había obrado con un corazón
enteramente libre de segundas intenciones, o si no había buscado su
propio provecho, siquiera con un deseo remotísimo.
¡Cuán
presumida y cuán pecaminosa es por lo tanto aquella palabra de
Séneca: "Aunque yo supiera que los hombres no se enterarían, y
que los dioses me perdonarían: ni aun así quisiera cometer un
pecado". Presumida y pecaminosa, en primer lugar, porque ningún
hombre es capaz de poseer por sí mismo una voluntad de esta índole,
ya que siempre está inclinado hacia lo malo, hasta tal punto que
sólo la gracia de Dios puede moverlo a hacer lo bueno. Por lo tanto,
el que tiene una opinión tan buena de sí mismo, todavía no llegó
a conocerse de verdad - si bien es cierto, y no tengo reparos en
admitirlo, que con una mentalidad tal se pueden hacer o querer hacer,
no digo todas las buenas obras requeridas, pero al menos una que
otra; porque no estamos inclinados hacia lo malo en una forma tan
completa como para que no quede en nosotros algún pequeño resto que
tenga afección a lo bueno, como nos lo comprueba nuestra propia
conciencia.
Y
presumida y pecaminosa, en segundo lugar porque si bien Séneca
afirma que él no quisiera cometer pecado aun sabiendo que los
hombres no se enterarían y los dioses le perdonarían- ¿se atreverá
también a afirmar que su voluntad es hacer lo bueno, aunque supiera
que su actuar no despierta interés alguno ni en los dioses ni en los
hombres? Si se atreve a afirmarlo, su presunción no ha cambiado en
nada, porque de todos modos no escaparía al afán de gloria y a la
jactancia, al menos en sus propios pensamientos que serían
pensamientos de complacencia consigo mismo.
Pues
el hombre no puede apetecer sino lo que es suyo; sólo puede amarse a
sí mismo sobre todas las cosas. En esto radican todos sus defectos.
De ahí resulta que aun con sus obras buenas y virtuosas, tales
hombres se buscan a sí mismos, es decir, buscan cómo poder admirar
y aplaudir a su propia persona. No
hay justo,
ni
aun uno (3:
10),
porque nadie tiene dentro de sí mismo el impulso de cumplir la ley
de Dios, todos se oponen a la voluntad divina, por lo menos en su
corazón, pero justo
es
sólo aquel "cuya delicia está en la ley del Señor" (Sal.
1:2). Igualmente: Romanos 3: V11
No hay quien entienda.
Martín
Lutero.
Saturday, May 12, 2012
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